¿El analista tiene que pagar con el silencio?, es decir, si pensamos q el analista es como Virgilio en la Divina Comedia, que acompaña por el infierno a Dante y al final tiene que quedarse para q Dante entre al paraíso; así podríamos pensar que el analista acompaña al analizante por el infierno de sus palabras para finalmente dejarlo en el borde de la posesión hablada de su deseo.
Ahora bien, el goce que lleva al analista a escuchar y a acompañar probablemente a ciegas al analizante ¿de que orden es? ¿y este acompañamiento es ciego o es un saber a ciegas?
¿El deseo del analista de donde emerge, en donde se conforma la pasión que lo lleva a silenciarse ante el sufrimiento del Otro, se conforma en la misma historia, en ese deseo que lo atraviesa, o bien, es un deseo q se gesta a partir del recorrido que se hace por el "laberinto doloroso de la propia palabra", cuando reconoce el sentido de lo dicho, cuando termina/evita el eco del discurso del Otro, o bien, el deseo por evitar el rebote en su ser de lo dicho provoca el deseo de escuchar al Otro?
¿Algún día en verdad, se llega a silenciar el eco del discurso que nos atraviesa, o justamente, lo único que se logra disipar es el eco, pero la marca, el discurso primordial, lo que te hace sujeto en falta nunca desaparece?
Entonces, ¿cual es el destino del analista-analizado? es únicamente "saber que nunca se silenciará".
Hoy me encontré esta reflexioncita hecha hace un par de años....me parece curioso lo q pensaba en ese momento, ahora al parecer las preguntas han sido respondidas, ahora parece q preguntas me atan y desatan de mi elección, de mi discurso,hoy mi virgilio me ha dejado en la puerta del paraíso.