miércoles, 29 de octubre de 2008

y re-apareciste...

domingo, 26 de octubre de 2008

Ojala todo volviera a ser como ese momento...

lunes, 20 de octubre de 2008

A veces te veo recorriendo con tus decires mis venas turgentes, diciéndome repetidas veces, así, como si quisieras pirograbar en mis huesos que yo no soy mucho más que aquella época; parece que quieres entender que yo solo fui una nena más y q lo que paso entre tu y yo fue de a mentis, sin embargo, en tu mente aparece fulgurante el momento en q tus y mis ojos se quisieron, recuerdas mis cabellos acariciantes, y que éste es el año en que llegue a tu numero favorito.
Yo entre otras otras cosas recuerdo el día en el q mi mirada dejo de ser tuya...
...y el día de hoy, q parece q no nos hubiesemos amado

sábado, 18 de octubre de 2008

Re-encontrandote en los recuerdos

Te re-encontre, en una carta q parece decia lo q sentias por mi... [q nostalgia] puras sonrisas robadas. He aqui un fragmento y espero q ud q me reclama q ya no escribo sepa de quien es.


Vieron la fecha...

martes, 14 de octubre de 2008

Me gusta sentir mis labios en tus labios, arrinconarme entre tus brazos.
sentir q me [te] gustas, así, solo y simplemente...
Te digo, -bonitas lunas- lunas recordatorias de ti...
Ojala pudiera dejar de imaginarte

viernes, 10 de octubre de 2008

-¡No me llamo Hans! ¡No me llamo Hans! -Max estaba gritando. Su mundo entero se había llenado de un blanco, eléctrico temor - ¡Soy Max! ¿me recuerda? ¡Max! ¡El de los tatuajes!
Detrás de la careta estirada y grotesca, los inmensos rasgos del rostro del hombre de pronto se llenaron de tristeza y su tono paso a ser de ruego, de queja.
-Hans el listo, Hans el listo...¿porque no le pones ojos tiernos?
Max sintió que sus mejillas se apretaban contra sus dientes. El torno en que estaba atrapada su cabeza comenzo a aplastar y retroceder sus rasgos.
-Hans el listo, Hans el listo...¿porque no le pones ojos tiernos?
El grito de Max se convirtió en un chillido agudo y animal cuando los enormes pulgares de su atacante presionaron la carne debajo de sus cejas, justo encima de la protuberancia de los párpados. La presión aumento y se convirtió en un dolor de una intensidad increíble. Los pulgares empujaron más. En las cuencas de los ojos. El chillido de Max se convirtió en un goteo burbujeante cuando el hombre le arrancó los ojos de la cabeza y sintió nauseas en la garganta.
Max que se habia quedado ciego, colgaba flojo de las manos inmensamente fuertes de su atacante, que lo apretaban de manera inexorable. Su universo se había transformado en relámpagos y chispas, e incluso pensó que podía ver de nuevo la silueta de su atacante, como grabada en neón, mientras los nervios ópticos y el cerebro trataban de dar sentido a la repentina ausencia de ojos. Luego sobrevino la oscuridad. El apretón de torno comenzo a ceder. Pero antes de que Max pudiera desplomarse al suelo, sintió que una sola mano lo agarraba del pelo y lo tiraba hacia arriba. Hubo un momento de silencio en la oscuridad. Una vez más, sólo podía oírse la respiracion tranquila, profunda y resonante del gigante que lo había dejado ciego. Luego oyó el sonido de algo metálico que salía de un estuche. Como una funda de cuero.
Max dio un pequeño salto de sorpresa cuando sintió el golpe a través del cuello y la garganta. Una minúscula fracción de tiempo, durante la cual se pregunto por qué el otro no lo había golpeado con mas fuerza, se estiro hasta el infinito. Cuando se dio cuenta de que tenia la garganta cortada y de que las salpicaduras calientes y espasmodicas que sentía sobre los hombros y el pecho eran su propia sangre, Max ya estaba deslizándose hacia la muerte.
Lo último que oyó fue la extraña mezcla de la voz resonante y el tono infantil de su atacante.
-Hans el listo, Hans el listo...¿porque no le pones ojos tiernos?
Cuento de muerte
Craig Russell

lunes, 6 de octubre de 2008



Si te dijera q todavía te espero, callada, muy callada, tratando de imaginar lo que tus ojos ven, tan tan tan silenciosa q parece q nadie se ha dado cuenta q te extraño, q me dueles solo un poquito.

Mammy se durmió enseguida, dejando a Laila debatiéndose entre emociones contradictorias: tranquilizada porque su madre quería seguir viviendo, pero dolida porque la razón no era ella.
Nunca dejaría una huella indeleble, como habían hecho sus hermanos, porque el corazón de su madre era como una playa donde las huellas de Laila se borrarían siempre bajo las olas de su dolor, que crecían y se estrellaban contra la arena, una y otra vez.
Mil soles esplendidos
Khaled Hosseini

miércoles, 1 de octubre de 2008

¿Se puede pasar del amor a la indiferencia?
Porque señora, lo que siento ahora por usted es simplemente eso, indiferencia
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